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ARTÍCULOS Y CURIOSIDADES

¿Qué huele tan bien? Una caminata por las Dunas de Artola

Parte 1: Pancratium maritimum

 Un floreciente ramo de rosas, el olor de una llovizna refrescante después de un día soleado de verano, una fresca brisa marina… ¿Quién no está fascinado y emocionado por la multitud de fragancias que nos rodean en la naturaleza? Despiertan memorias, nos vuelven curiosos, nos hacen respirar hondo, o cuando son muy fuertes, caminar hacia un lado – y probablemente, las reacciones hacia los olores sean tan diversas como las personas que los perciben. Los olores son el idioma de la naturaleza y se deben a una interacción de moléculas químicas con los receptores del epitelio olfativo en nuestra nariz. Son vocablos entre los seres vivos que se han probado de manera eficaz desde hace mucho tiempo en la evolución. ¿El idioma de la naturaleza? ¿Qué nos quiere decir una planta floreciente? – Se podrá preguntar –. Pues bien, este lenguaje no está dirigido hacia nosotros, sino a las plantas que están creciendo en la cercanía. O hacia insectos. O hacia animales que comparten el hábitat de las plantas. Estas fragancias contienen mensajes que sirven para defenderse, quizás invitan a simbiosis, atraen a insectos y muy probablemente funcionen como vehículo para el intercambio de información entre especies. La ciencia apenas está empezando a sumergirse en los secretos de este lenguaje químico. Pero, ¿Qué es lo que olemos cuando paseamos por las Dunas de Artola? Quizás sea una azucena de mar, que florece en verano. Ésta puede crecer hasta 60 cm de altura, ¡aunque sus raíces pueden crecer hasta 140 cm de profundidad en la arena! Actualmente la azucena de mar desgraciadamente pertenece a las especies en peligro de extinción,[1] porque es recolectada o pisada, si es que llega a encontrar un hábitat apropiado en forma de dunas.

Hace pocos años, un grupo de investigadores ha estudiado el repertorio de fragancias de la azucena de mar (Pancratium maritimum), recolectando flores frescas de la región de las dunas de Túnez y analizando sus compuestos químicos volátiles.[2] Los resultados: las flores contienen una gran cantidad de hidrocarburos, que por ejemplo contienen 28 átomos de carbono y por ello pueden tener una consistencia cerácea. Estos biomateriales semifirmes estabilizan la planta contra los fuertes vientos y los lijantes granos de arena, y protegen a la flor contra la sequía, así como contra la deslumbrante luz solar en las dunas.[3] Junto a estos hidrocarburos también fue encontrado ácido palmítico, un componente de la grasa, que puede encontrarse en animales, plantas y humanos, cuya función principal es el almacenamiento de energía. Seguramente conoce „Palmin“ ¡De su cocina! Sí, la conocida grasa para freír obtiene su nombre del aceite de coco, cuya grasa contiene ácido palmítico. ¿Por qué almacena la azucena de mar ácido palmítico en sus pétalos? Pues bien, los hidrocarburos y el ácido palmítico ayudan a la defensa de las plantas contra parásitos.[4] Sin embargo, los hasta ahora mencionados componentes también son importantes para la comunicación química de las plantas, pues almacenan como portadores hidrofóbicos las fragancias con las que la azucena de mar se pone en contacto con su entorno. ¿Qué le quiere decir la azucena de mar a su entorno? ¿Y a quién? Hasta ahora no se sabe. Pero según el estudio mencionado, la azucena de mar libera varios olores que incluso nosotros humanos, con un sentido olfativo relativamente débil, podemos percibir. Dentro de su repertorio aromático existen principalmente dos ésteres y dos alcoholes. El primer éster es el benzoato de bencilo. Es una sustancia con un aroma maravillosamente dulce y floral, que también es producida por el árbol de la canela (Cinnamomum zeylanicum) y por otras especies de plantas, que, en conjunto con otras sustancias, constituyen el aroma de los arándanos. Este éster posee un efecto desinfectante y en forma concentrada puede ser utilizado por ejemplo como medicamento contra una infestación de ácaros. Otra fragancia de los pétalos del Pancratium maritimum es el alcohol fenetílico, cuyo olor conocemos del jacinto, el clavel y el geranio. Esta molécula también es la fragancia principal del aceite de rosas y es por esto que su aroma es conocido de incontables perfumes y jabones. Probablemente conozca esta fragancia también de un alimento muy estimado por nosotros, la miel. Un ejercicio: intente describir el aroma de la miel. Se dará cuenta que le recordará ¡Al olor de una rosa! Por cierto: también este alcohol posee un efecto desinfectante. Finalmente, llegamos al tercer componente principal del repertorio aromático de la azucena de mar. Se trata del compuesto químico (un éster) acetato de linalilo, con un olor fresco y dulce. Después de lo que ya ha leído, seguramente no le sorprende que también conozca este compuesto químico, pues el acetato de linalilo es el componente aromático principal de la lavanda. El acetato de linalilo es ganado en el sur de Francia en grandes cantidades mediante destilación de los pétalos de la lavanda. Pequeñas cantidades de farnesol, cuyo olor recuerda al muguete, completa el repertorio aromático específico de la azucena de mar. El farnesol es una conocida feromona entre los insectos, y probablemente sea esta la razón por la que es producido por Pancratium maritimum. Este compuesto atrae a larvas de mosquitos[5] (Chironomidae) y abejas de miel (Apis mellifera L.)[6] y es utilizado por los abejorros machos (Bombus sp.; Psithyrus sp.)[7] como olor de señalización. En total, el grupo de investigadores logró identificar 18 sustancias diferentes en los pétalos que contribuyen al olor de la flor.

Pues bien, aún muchas cosas acerca de la azucena de mar que se pueden investigar, pues en ella existen muchas sustancias que no poseen olor alguno porque no son volátiles. Dentro de esta categoría se encuentran los alcaloides, que se pueden ganar de las raíces o de los pétalos del Pancratium maritimum. Los alcaloides no solo poseen complicadas e interesantes estructuras, sino también muestran reacciones positivas en la lucha contra varias enfermedades como el cáncer o enfermedades infecciosas. Pero este es un tema sobre el cual el autor de estos renglones quisiera reportar en otra ocasión. Por esta vez quisiera cerrar esta referencia con un comentario: la azucena de mar, como todas las plantas, son una maravilla de la naturaleza, llenas de moléculas interesantes, pero aún llenas de secretos en relación a su comunicación con plantas aledañas, insectos o en las Dunas de animales vivientes.

Prof. Dr. Andreas Schmidt
Clausthal University of Technology
Institute of Organic Chemistry

 

[1]               H. Zahreddine, C. Clubbe, R. Baalbaki, A. Ghalayini, S. N. Talhouk, Biol. Conserv. 2004, 120, 11 – 18.

[2]               A. Sanaa, A. Boulila, A. Bejaoui, M. Boussaid, N. B. Fadhel, Ind. Crops Prod. 2012, 40, 312 – 317.

[3]               R. Jetter, L. Kunst, A. L. Samuel, in: M. Riederer, C. Müller, (Eds.), Biology of the Plant Cuticle. Blackwell Publishing,

Oxford, 2006, 145 – 181.

[4]               K. Alipieva, L. Evstatieva, N. Handjieva, S. Popov, Z. Naturforsch. C 2003, 58, 779 – 782.

[5]               D. G. Naik, A. A. Babrekar, B. B. Nath, Chem. Ecol. 2006, 22, 501 – 508.

[6]               I. H. Williams, J. A. Pickett, A. P. Martin, J. Chem. Ecol. 1981, 7, 225 – 237.

[7]               B. Kullenberg, G. Bergstrom, B. Bringer, B. Carlberg, B. Cederberg, Zoon 1973, Suppl. 1, 23 – 29.

 

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